Con manos vacías
y con pies descalzos
mira el niño
al viejo sentado.
El niño lo contempla
y se fija en lo que hace:
el viejo le tira
migajas a las palomas.
Con sus manos vacías
y sin comida por días
envidia a las palomas
y las migajas que comen.
Desea el niño
ser una de ellas
“tan solo una migaja
tan solo una pequeña.”
Con rostro triste
y lleno de lágrimas,
se acerca al viejo,
por una pequeña migaja.
Aunque el viejo tenía
muchos panes.
El niño solo quería
una pequeñita parte.
El viejo le sonríe:
“Te estaba esperando.
Toma aquí,
todo esto es tuyo,
no me lo rechaces.”